Inseguridad y crimen ¿Para qué existe el Estado?
- leonorsuarezognio
- 20 ago 2024
- 3 Min. de lectura
Las entidades públicas deben cumplir con su función, establecida en la Constitución, principalmente cumplir lo establecido en el artículo 1 que señala que la razón de ser del Estado es la defensa de la persona (cada peruano y peruana) y de su dignidad.
Así, darles seguridad personal y acceso a servicios básicos para tener una vida digna, es su tarea fundamental ¿Lo está haciendo?

Seguridad significa salir a la calle sin miedo, y no, el Estado no nos está dando seguridad.
Dignidad significa salir a la calle con la frente en alto, y no, el Estado no nos está facilitando el vivir con dignidad. La precariedad e ilegalidad en la que trabajan y viven millones de peruanos no es una situación digna. No es un trato digno tener que vivir sin acceso a agua potable. No es digno conseguir vivienda ocupando un terreno por la fuerza. No es digno trabajar día a día sin tener autorización para hacerlo, temiendo porque la autoridad les quite su medio de sustento. No es digno pagar por lo bajo a un funcionario público o a una autoridad. No se vive dignamente cuando para tener oportunidades hay que caer en la corrupción.
El Estado no está cumpliendo con su parte del contrato social. La población aporta con sus impuestos. Todos, hasta los más pobres, pagan el IGV en cada compra que realizan. El erario nacional recauda y administra miles de millones de soles que la sociedad le entrega para que a cambio le dé, como mínimo: seguridad. El Estado no protege a su población y está fracasando en su misión. ¡Leviatán está débil, enfermo y corrupto!
El gran debate político sobre cómo combatir la delincuencia no existe. La discusión parlamentaria se ha vuelto una disputa sobre quién (de ellos mismos) comete qué delitos y cómo se libra impunemente de la pena. No hay análisis ni propuesta sobre las soluciones a los principales problemas de la sociedad, la prioridad pareciera ser cómo sacar provecho de su puesto. Además de la orfandad de sensibilidad y compromiso social, la ínfima calidad de representantes políticos invita a cuestionarnos cómo cambiar, manteniendo la democracia.
El ochenta por ciento de la economía es ilegal. Llamarla informal es usar un eufemismo para no aceptar el fracaso de la ley ¡Qué diría Jeremy Bentham sobre esto! Parte de esa ilegalidad, es además criminal. Reconocer que algo está mal, que algo no funciona, es el primer paso para construir la solución.
Nuestro sistema de control no funciona. Rasgarse las vestiduras no sirve para solucionar el problema de corrupción que infesta a la administración pública. La justicia en el Perú es sólo un anhelo, el sistema no repara, no devuelve, no sana, no restituye. Quienes tienen dinero y poder siguen impunes y son un signo viviente de que no tenemos justicia.
La página de policiales ya no existe, ha sido fusionada con la de política y la de actualidad. Todas las noticias son sobre violencia, crimen y delito en cualquiera de sus formas. Si la política, por definición, es transacción, lo que se observa en el país es componenda por la sobrevivencia. Hasta Maquiavelo estaría asqueado, porque en este caso, ni siquiera los fines justifican los medios. La búsqueda del poder, para robar, pareciera ser lo que define a un Estado fracasado en su razón de ser.
Somos una familia disfuncional robándonos unos a otros, mintiendo y matándonos. Hobbes diría que reflejamos el estado natural, sin ley, sin autoridad, sin Estado. Rousseau nos recordaría que el Estado lo formamos todos y diría que, en ese estado, los humanos somos capaces de sacar lo mejor de nosotros mismos y ayudarnos, como cuando un desastre natural nos asola.
Aceptemos nuestro fracaso como sociedad y abracémonos en la tragedia que nos está tocando vivir. Seamos conscientes de la desdicha nacional y levantémonos de forma resiliente para tratar, una vez más, de hacer que el Estado funcione.


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